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Nací un 10 de Marzo en la Ciudad Buenos Aires. Un día antes de las elecciones que llevarían a Héctor Cámpora a la presidencia de la Nación. Cuenta la leyenda que el nombre de Ezequiel se lo debo, justamente, a uno de los candidatos que enfrentaría a la formula peronista. Ezequiel Martinez: el presidente joven. 

Soy el tercero de cinco hermanos. Cuatro mujeres y yo. Crecí escuchando hasta el hartazgo la frase "bendito tu eres entre todas las mujeres" o, "seguro que sos el consentido de tus hermanas". A lo cual respondía mecánicamente  "no tanto"...

Realicé los estudios primarios en dos escuelas públicas distintas. Circunstancias de la vida hicieron que a la mitad del primer trayecto mis padres decidieran cambiarme a una escuela que ofreciera jornada simple. A decir verdad, tenía facilidades para el deporte y mi papá me proyectaba como un promisorio tenista profesional. Por ese motivo, tres tardes a la semana me dedicaba a practicar tenis. Todos los años de entrenamiento y sacrificio finalizarían abruptamente en la adolescencia.

De primero a cuanto grado cursé en la escuela "República del Salvador" de quinto a séptimo en la escuela "Provincia del Chaco". De la primera tengo muy pocos recuerdos. Mi primer mejor amigo y un corazón de tiza dibujado sobre la pared de la casa de la esquina. De la segunda, más que a la escuela recuerdo a mis compañeros. En particular, las tardes enteras en la calle recorriendo los lugares mágicos y secretos del barrio de Flores. El cine San Martín, la plaza Pueyrredón, los túneles de la estación, los antiguos caserones abandonados, los mundos ocultos a los costados de las vías del Ferrocarril Sarmiento. 

 

El nivel secundario lo cursé en el "Hipólito Vieytes" de Caballito. Una escuela con un pasado de gloria, al estilo Nacional Buenos Aires o Carlos Pellegrini, pero en plena decadencia en el tiempo en que me tocó transitar sus aulas. Entre mis compañeros lo apodábamos cariñosamente "el correccional". Hoy lo recuerdo con inmenso respeto. Fue una verdadera escuela de vida.

 

En el "Vieytes" recibí los aprendizajes más importantes de toda mi historia. La amistad, el respeto, el honor, la gloria, la ruina, la solidaridad, la confianza.  Todo eso adornado por las diferentes materias. Sin embargo, y pese al franco repliegue de la formación académica, allí germinó mi primer brote de interés por las letras. Como un recuerdo imborrable conservo la estrofas de los romances de García Lorca,  que el profesor Maltesse, vencido por los años y la indiferencia de sus alumnos, nos recitara en posición patriótica y embriagado por sus dulces melodías. 

 

En el Vieytes conocí a dos hermanos de la vida. Hernán y Álvaro. Con ellos compartí las historias más entrañables, poéticas y ruines. Historias épicas de amor, engaño, despecho y embrujo. Ellos forjarían mi identidad de aquellos años bautizándome bajo un nombre que definiría el curso de mi existencia durante largo tiempo: H. 

 

De esa etapa acuño los mejores recuerdos y un sin fin de anécdotas exóticas, venidas de planetas extraños, de otras vidas. Todas, esperando ser contadas...

Cuando terminé la secundaria no sabía hacia dónde dirigir mi existencia. Exploré posibilidades inimaginables. Deambulé sin rumbo. Conocí el dolor, la incertidumbre, la frustración, el amor efímero y la fragilidad. La curiosidad y la desesperación fueron mis guías. Trabajé en todos los trabajos.  Me hice amigo de la noche y artista de la improvisación. Un tiempo intenso. De búsqueda total, de inmortales enseñanzas. 

Lentamente comencé a descubrir como se despertaba en mí una interioridad dormida. Las preguntas por la existencia y el sentido de la vida iniciaron un tránsito que me llevarían a descubrir a la filosofía como vocación. 

 

Estudié la carrera de filosofía. Fue una etapa de mi historia sin comparación. De estudio total. Respiraba y comía filosofía. En los ratos libres literatura. Hermosa, brillante, incomparable. Clásica, moderna, marginal y olvidada.  Subí a los cielos, descendí a los infiernos. Leí deslumbrado,  apasionado,  sin descanso. A cada hora, a cada minuto. La vida se convirtió en narración y pensamiento.  El más alto y terrible. Me dejé guiar hacia los lugares extraños que me llevaron la ficción y la filosofía. Por primera vez en mi vida se abrían las puertas secretas del conocimiento. 

El gusto por escribir se fue apoderando de mí cada vez con mayor frecuencia. De esta experiencia nació este espacio donde dejar las retratadas esas historias que pueden haber pasado y nunca haber sucedido.  

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